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OS estampas preocupantes. El rostro de Mariano Rajoy durante sus declaraciones en los pasillos del Parlamento, y el de Artur Mas en la entrevista televisada que le hizo Josep Cuní. Rostros sufrientes de dos presidentes sufridores, que no transmitieron esperanza y optimismo, sino preocupación.
Daban la impresión de que podían perder la brújula y la ilusión. Están poniendo al límite sus esfuerzos para salir de la crisis, y esta no da señales de aflojar. Entonces, ‘hechos los deberes’, como aseguran, buscan desesperadamente la salvación en otros planeamientos. Rajoy, clamando a Europa para que nos ayude; Mas, alentando al enfrentamiento con el Estado al que acusa de chupar la sangre catalana. Parecen recursos de quienes se siente al borde del naufragio. Unos hablan del caos griego, otros de elecciones anticipadas.
Si España está haciendo ‘los deberes’ que le impone la Europa del euro, es lógico esperar que ahora nos ayude. Que no nos ahogue con más sacrificios económicos y sociales. Pero, ya es sabido, en los asuntos internacionales priman los intereses propios y los egoísmos de los estados. La solidaridad viene por añadidura, cuando puede ayudarles a ellos a no hundirse más. Hay que reclamar su ayuda, pues ningún Estado saldrá solo de la crisis, en un contexto en que hay que hacer frente a desafíos globales, a la feroz competencia de los países emergentes o ya emergidos. Pero la solución empieza dentro de cada país. Y para esto, aunque a un Gobierno con mayoría absoluta le toca gobernar, conviene que lo haga con el concurso de las fuerzas políticas y gobiernos autonómicos (que también son Estado y hay que comprender) con sentido de la responsabilidad colectiva. Más diálogo y comunicación, y menos decretos ley. Para apoyar la gobernabilidad, no para frenarla.
Y si Catalunya alardea de haberse adelantado en las medidas de austeridad, es comprensible que reclame un trato menos gravoso e injusto, dentro de la solidaridad, para no perder fuelle como motor económico, en interés propio y del Estado. Sin locomotoras potentes que tiren, el tren económico se parará para todos. Pero hay que decir que es una irresponsabilidad alentar desde el Govern, y sus medios, a lo que se llama un “choque de trenes” para desengancharse del resto del Estado. En un “choque de trenes” todos perderíamos, principalmente Catalunya (como otras veces), que es la parte más débil. Y en una gravísima crisis económica y social, como la que vivimos, provocar ahora (al margen de ideologías y sueños históricos), una radical crisis política de Estado, de enorme gravedad y consecuencias imprevisibles, sería algo mucho más grave que una irresponsabilidad; sería un suicidio colectivo.
Los rostros –últimamente mostrados- sufrientes, casi abatidos, de los presidentes Rajoy y Mas, no son un buen augurio para nadie. Menos enfrentamientos y más colaboración. Calma y sentido común.
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